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Jornadas sobre Transición energética y acción ciudadana hacia la soberanía energética ciudadana. BURGOS, 13-16 de febrero 2019. PLATAFORMA PARA LA DEFENSA DEL SUR DE CANTABRIA


Debate energético.
Jornadas 16-02-2019 Burgos
Plataforma para la Defensa del Sur de Cantabria
Los que siguen son planteamientos de los miembros de nuestra Plataforma, forjados en enfrentamientos contra el abuso de la Administración y las grandes eléctricas (L.A.T. Soto Ribera-Penagos-Güeñes, Concurso eólico en Cantabria, intento de implantación de cientos de aerogeneradores,...), el trabajo y la reflexión de años, tan depurados por la experiencia práctica que, siendo sólo y exclusivamente nuestros y no vinculando a nadie más, nos parece muy difícil renunciar, a estas alturas de la lucha, a ninguno de ellos.
Entendemos que éste es el momento de impulsar una real transición energética, no sólo la que lleva de las fuentes de combustibles fósiles a las de renovables sino también la del cambio de modelo energético, desde el centralizado o concentrado actual -en manos de las grandes empresas del oligopolio- al distribuido o descentralizado que, al menos de modo parcial, controlemos los ciudadanos, poniendo a nuestro servicio las virtudes de las fuentes de energía renovables, agua, viento, sol,..., las de ser accesibles a todos y además, bien usadas, inagotables, permitiéndonos generar energía en cualquier lugar y ser  únicos “soberanos” respecto a la energía que consumimos.
Es, por ello, esencial que en estas Jornadas que se definen como de "Acción Ciudadana" y "Soberanía Energética Ciudadana", sin plegarnos a la instalación de mega-infraestructuras energéticas de todo tipo, fracking, grandes parques industriales eólicos y solares, tendidos de altísima tensión, superredes, subestaciones,..., que malgastan nuestro dinero y dañan nuestro territorio, debatamos, decidamos y hagamos público con la mayor rotundidad y detalle posibles cuál es nuestro modelo energético, pues, de no hacerlo así, estaríamos perdiendo el tiempo o, aún peor, haciendo el juego al oligopolio eterno.
El modelo "mega" actual, mega-parques eólicos industriales, mega-huertos solares, superredes e interconexiones…, no marcha -por su naturaleza y coste de implantación- en la dirección de la soberanía energética ciudadana sino que, muy al contrario, prorroga, apoya y potencia el modelo concentrado tradicional:
·         Concentra la generación y transformación en territorios concretos, que sufren de forma agresivamente masiva sus impactos negativos; son normalmente territorios alejados de los lugares de consumo lo que, a su vez, exige grandes líneas de transporte de alta tensión y mega-subestaciones de transformación.
·         Concentra las ganancias de la generación, el transporte, la distribución y el suministro en manos de las mismas grandes empresas eléctricas del actual oligopolio.
En Cantabria, es ejemplo de ello Green Capital Power -“Poder del Capital Verde”-, empresa que gestiona la familia de Florentino Pérez y es parte de un oscuro fondo de inversiones saudí, Capital Energy, grupo Aqbar, que tiene la agresiva idea de llenar nuestro territorio de gigantescos parques eólicos, sin que sea su preocupación el cambio climático o generar energía para nuestro consumo sino para exportarla a toda Europa o, lo que es lo mismo, simple, pura y duramente el mayor beneficio posible en su lucrativo negocio.
Si el anterior sistema de primas favoreció la corrupción y especulación rampantes que han asolado y asolan Castilla y León, Galicia, Cataluña, Valencia,...., peor es aun el insólito e ininteligible invento de las actuales subastas, más que Mw, vende -o regala- en realidad territorio, nuestro principal, casi único patrimonio, al propiciar la instalación de dañinas mega-infraestructuras casi donde cada uno quiera.
Consideramos, pues, cuestión imprescindible previa a todo lo que queramos hablar decidir si instalar mega-infraestructuras responde a las necesidades energéticas/eléctricas regionales y locales, incluso estatales y , en su caso, si su elevadísimo coste es asumible y conveniente en el momento actual o si, por contra, atiende exclusivamente a intereses de economía y estrategia empresarial, contrarios a los generales que, desde luego, nos exigen ser firmes en el apoyo a la actual revolución de la generación distribuida y la acumulación eléctrica.
Un nuevo modelo energético ecológico, solidario y justo sólo puede nacer de la producción descentralizada y una generación distribuida real, del autoconsumo, la producción eléctrica a pequeña y mediana escala que abastezca las necesidades propias y de las poblaciones cercanas, que adapte la distribución y el suministro a esa nueva realidad y reduzca el consumo mediante una mayor eficiencia y la reducción de pérdidas en el transporte; es el único camino hacia la soberanía energética ciudadana, teniendo como referencia que, por ejemplo en Alemania, el 47% de la nueva  electricidad renovable se genera a partir de iniciativas  de ciudadanos, asociaciones, cooperativas, ayuntamientos,...
El informe público de la Comisión de Expertos -cuyos miembros son un antiguo presidente de REE  y staff de grandes corporaciones eléctricas- creada para cocinar en la rebotica la Ley de Transición Energética y Cambio Climático, ya permite entrever la intención de las grandes empresas eléctricas y bancos de “capitalizar”, en el peor sentido del término, a su favor esa transición; todo ello sin necesidad de haber entrado a valorar el contenido del informe.
Tenemos que ser ambiciosos, protagonistas y participar de una forma real y activa en esa transición, de modo que forcemos caminar en la dirección que nos aproxime a generar nosotros la mayor parte de la electricidad  que consumamos y, al menos desde ya, a tomar parte en las decisiones fundamentales que afectan a nuestro territorio y vidas.
Tras explicar lo anterior, vamos a dejar constancia de nuestra convicción acerca de la necesidad de saber dónde estamos cada uno y, por ello, hacer pública nuestra disconformidad -y la de otros muchos- con, por ejemplo, el sometimiento expreso de Greenpeace a pretendidas interconexiones energéticas con distintos Estados nacionales  en base a idénticos argumentos falaces (seguridad en el suministro, eficiencia energética, impulso a las energías renovables,...) que los que continuamente utilizan Administración y grandes eléctricas.
También nos preocupa lo que pensarán sobre lo importante el resto de lo que hoy llaman grandes ONGs, enormes presupuestos, millonarias subvenciones, puestos institucionales y complicidades con quienes reparten; sin entrar en detalles que exigirían un largo -y, sin duda, necesario- debate, las grandes infraestructuras, las interconexiones y los grandes corredores de transporte de energía eléctrica de altísima tensión no son otra cosa que uno de los mejores -y más caros- medios para consolidar el actual sistema de generación oligopólica concentrada o lo que es lo mismo la perpetuación del sistema abusivo, al que nosotros no podríamos, nunca, acceder.
Iniciativas como las de estas Jornadas de Debate sobre la Transición Energética y Acción Ciudadana Hacia la Soberanía Energética Ciudadana son imprescindibles y pueden ser muy eficaces para el fin que las titula, pero si no conocemos, no tenemos claro dónde estamos y hacia dónde vamos cada uno, pueden ser, mientras Administración y grandes empresas avanzan a velocidad de crucero en su interés, una pérdida de nuestro escaso tiempo y, aun peor, un apoyo tácito para quienes son, además de los emboscados, nuestro enemigo real. 

Por un debate energético real y eficaz para nuestro futuro 

El Espíritu de SCHÖNAU


El sábado 26 de abril de 1986, se produce, en la central de Chernobil (ucrania), el mayor accidente nuclear hasta la fecha.

Ese mismo año, a 2000 kms de distancia, varios vecinos y vecinas de la localidad alemana de Schönau, afectados por el impacto de la catástrofe, comenzaron a crear puntos informativos en los que alertaban de los peligros de este tipo de producción eléctrica. Durante los siguientes años llevaron a cabo distintas iniciativas para reducir el consumo eléctrico, incentivando alternativas a ese modelo energético tan peligroso y nocivo.

Entre las alternativas, propusieron a la compañía eléctrica peticiones tales como desarrollar una generación eléctrica libre de energía nuclear y aplicar modificaciones tarifarias para premiar el ahorro de energía. Ante un silencio de años por parte de la compañía, un grupo de vecinos y vecinas se atrevió a soñar y se planteo un reto más difícil todavía: crear su propia compañía eléctrica.

Para conseguir aquel utópico objetivo, deberían ser capaces de extender la idea y de romper el monopolio energético, enfrentándose a la oposición de los lobbies y las presiones políticas. De esta manera, y tras 11 años de lucha para impulsar un cambio de modelo energético, alcanzaron su meta: fundar la cooperativa ciudadana EWS, exitoso ejemplo internacional de energía comunitaria. En la actualidad, la ciudadanía es la que gestiona la red eléctrica, y promueve la energía renovable dentro de las bases de la democracia energética.

En el año 2018 y a 1.500 kms de ese pequeño pueblo alemán, en Valdeprado del Río, ¿nos podemos atrever a soñar?

Cooperativas eléctricas, generación distribuida y soberanía energética. Tribuna Plataforma para la Defensa del Sur de Cantabria


COOPERATIVAS ELÉCTRICAS, GENERACIÓN DISTRIBUIDA Y SOBERANÍA ENERGÉTICA

Plataforma para la Defensa del Sur de Cantabria

Hace días, informaba la prensa que Solabria, cooperativa cántabra, comercializará energía “verde 100%” y, al tiempo, apuesta por los grandes parques industriales de la Asociación Eólica de Cantabria, que preside el consejero de Biocantaber (Iberdrola), Agustín Valcarce, de quien la cooperativa dice que es uno de sus “mejores fichajes”.

 Si el objetivo de Solabria es comercializar electricidad “verde” generada en grandes parques eólicos, ¿qué la diferencia, entonces, de Gas Natural- Fenosa que ofrece a sus clientes más “concienciados” contratar su tarifa eco, también “100% renovable”? 

Solabria, que afirma en su folleto tener como objetivo la generación distribuida de electricidad y un nuevo modelo energético, se contradice cuando apoya los grandes parques industriales eólicos, que son generación concentrada, ruina de los afectados y abusiva ganancia para las corporaciones.

Los grandes parques industriales eólicos concentran la producción eléctrica en los lugares más apetitosos –y que creen más fáciles-, sea cual sea el daño que causen y aunque exija, además, transportar lo generado, por medio de enormes y dañinas líneas de altísima tensión y subestaciones eléctricas, a los lejanos lugares en que es mayor la demanda, llegando incluso a exportarlo al extranjero.

Concentran producción, transformación y transporte eléctrico en manos de los de siempre, el gran oligopolio que sube y sube los precios, genera “pobreza energética” y perpetúa el viejo e insolidario modelo de la producción y la distribución centralizadas. 

Un nuevo modelo energético, solidario y justo, como el que apoya Hermann Scheer en “El imperativo energético”, sólo puede nacer de la actividad descentralizada, de una verdadera generación distribuida que busque, no beneficio empresarial, sino lo que la naturaleza ofrece -viento y sol, que están por todas partes-, el autoconsumo, la producción eléctrica a pequeña y mediana escala que abastezca las necesidades propias y de las poblaciones cercanas, reducir el consumo y lograr una mayor eficiencia energética, mermando, al tiempo, los costes energéticos. El camino hacia la soberanía energética exige otro modelo económico y una nueva concepción social de la energía.

Dice Hermann Scheer que “la revolución tecnológica del suministro energético, que conduce al relevo de las energías convencionales, solo puede desarrollarse a través de numerosas iniciativas independientes en muchos lugares diferentes y no a través de una planificación ejecutada de forma tecnocrática por élites políticas y económicas que organicen el proceso gradualmente en el tiempo y el espacio”.

Por ello, contra la pobreza energética no se lucha con la “caridad”, como hacen los políticos, hay que reducir el despilfarro, bajar costes y precios, potenciar, no dificultar, el “autoconsumo”, que es tender a que cada uno genere parte o toda la electricidad que consuma, y propiciar, al tiempo, el “balance neto”, o sea, permitir que la energía que no se consuma en el momento sea vertida a la red de distribución -pública por supuesto- para consumirla cuando se necesite; lo contrario es legislar para bancos y grandes empresas eléctricas. Salvo España, ningún país de la Unión Europea penaliza ésto y, si desapareciesen los gravámenes, impedimentos legales y trabas burocráticas al autoconsumo, éste se generalizaría, pues la tecnología fotovoltaica y minieólica han abaratado mucho sus costes. 

No sólo casas individuales, sino naves y pabellones industriales podrían utilizar sus tejados o alquilarlos; ello supondría una gran revolución aquí y, en especial, en los países en vías de desarrollo al permitir que cualquier persona en el último rincón del mundo acceda al bien básico que es la energía.

En el almacenaje, la madurez tecnológica facilita la acumulación -véase el ejemplo del vehículo eléctrico y su carga en casa por la noche- mediante baterías de ión-litio transportables, lo que obliga a preguntarse el por qué de su prohibición, pues el almacenaje de la energía sobrante para usarla cuando se necesite, abarata costes y, además, reduce la sobredemanda. La respuesta, que no está en el viento como en la canción de Dylan, es que no interesa pues reduce el gran negocio de unos pocos.

Es evidente que el gran oligopolio no quiere precios bajos, sino un modelo caro, centralizado, de superredes que requieren el obligado incremento del consumo y los costes de producción/distribución de la energía, por lo que las cooperativas, que, al menos en su teoría, responden a otra idea, no pueden colaborar a ello.

Una reflexión final. “La raíz del problema de la pobreza energética se encuentra en la concepción mercantilista de la electricidad como medio de acumulación. Se trata de la conversión en mercancía de un bien hoy indispensable para el normal desarrollo de la vida cotidiana en nuestras sociedades”. Sebastià Riutort Isern. “Energía para la democracia”. Catarata.

La ciudadanía frente al oligopolio de las grandes compañías eléctricas Autoconsumo y soberanía energética. Ecologista nº76, primavera 2013


La ciudadanía frente al oligopolio de las grandes compañías eléctricas

Autoconsumo y soberanía energética

Cote Romero y José Vicente Barcia, miembros de Ecooo. Ecologista, nº 76, primavera 2013

En el actual contexto de crisis sistémica, nos encontramos con una ciudadanía que, agotada de que le sigan recortando derechos fundamentales, reclama un rol protagonista que influya determinantemente en temas tan centrales como el de la energía. El autoconsumo y la soberanía energética serán dos conceptos, entre otros, que se deberán esgrimir para democratizar el sistema energético.

No se nos escapa que ya no estamos en una época de cambios sino en un auténtico cambio de época. El sector energético, como uno de los elementos de mayor relevancia estratégica, se verá, ya lo está siendo, profundamente afectado por estos cambios. Así, uno de los elementos centrales de todo modelo energético es el sistema eléctrico que, en este caso, también se verá fuertemente sacudido por cambios de gran profundidad en los que se producirá, como nunca antes, la confrontación entre el oligopolio eléctrico y quienes luchan por una alternativa energética ciudadana.

Son muchos y de muy distinta índole los factores que están generando este proceso de cambio:

- El paulatino agotamiento de los combustibles fósiles baratos. Hay que resaltar lo concluyente que resulta que la industria petroquímica mundial se esté embarcando en la quimera del fracking, como medida desesperada para seguir perpetuando la dependencia de los hidrocarburos. 

- Por otra parte, nos encontramos con unas tecnologías de extracción y consumo de hidrocarburos, cuya capacidad facilita esta cultura del despilfarro energético.

- A todo lo cual hay que añadir el parón nuclear, que más allá de espejismos, se está produciendo a nivel mundial, como nos reitera el físico nuclear Francisco Castejón: “El fracaso de la energía nuclear es un hecho innegable, por ser insegura, por sus residuos y porque económicamente no se puede sostener. La central nuclear que en este momento se está construyendo en Finlandia ha pasado de un presupuesto inicial de 3.000 millones de euros a los, de momento, 8.000 millones”.

- Otra referencia profundamente negativa es aquella que tiene que ver con los agrocombustibles que, bajo el prisma de ser menos contaminantes, están dificultando a los países del Sur el acceso a alimentos básicos, fortaleciendo la industria transgénica, expropiando todavía más el recurso de la tierra a las poblaciones nativas y rompiendo el mercado agroalimentario como lo han demostrado las continuas subidas del precio del grano.

Lo que no ha cambiado, pero sigue siendo un factor esencial para determinar la causalidad de la cuestión energética es que, a pesar de la situación de colapso ambiental, económico y social que vivimos, las grandes compañías energéticas siguen manteniendo su espíritu esencial: perpetuar un escenario de consumismo energético global que siga posibilitando la concentración de sus astronómicos beneficios.

- Por si esta situación fuera poco explosiva, hay que añadir lo que parece obvio y que está íntimamente ligado con el actual modelo energético global: el cambio climático, la consecuente destrucción ambiental de extensas regiones del planeta y la violación sistemática de los derechos humanos para que los recursos sigan fluyendo. ¿Acaso alguien duda sobre la relación existente entre el actual conflicto de Mali, la intervención de Francia – país hipernuclearizado- y las minas de uranio de este país africano?

En absoluta conexión con todo lo enunciado anteriormente está UNESA, Asociación Española de la Industria Eléctrica, formada por las cinco grandes compañías que gobiernan con mano de hierro el mercado eléctrico español: Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Fenosa, E.ON (ahora Viesgo) y HC Energía.

Estas compañías son las responsables de, coordinadamente, imponer sus políticas a los diferentes gobiernos que ha tenido el Estado español. Tras ellas, como es evidente, están los diferentes golpes que han recibido las energías renovables y que persiguen, entre otras muchas cuestiones, hacer rentables las inversiones que las grandes eléctricas hicieron en el parque, sobredimensionado, de centrales de ciclo combinado, para lo cual les resulta imprescindible paralizar y reducir las producciones independientes de energía a través de recursos renovables.

Huelga decir que el poder actual de UNESA es colosal, entre el mundo de la política y sus consejos delegados o asesores, como medida de ello.


Algunas consecuencias del oligopolio eléctrico español

Así las cosas, y habiendo definido la causalidad del modelo energético global y del control oligopólico de UNESA, parece justo establecer algunas de las consecuencias derivadas de ello.

Vulneración de cualquier concepto de democracia. 

1. Si nuestro concepto de democracia es formalista, se ve vulnerado por la conexión evidente e inmoral entre los gestores del bien común (gobernantes y políticos) y quienes tienen como prioridad el lucro privado (UNESA), rompiéndose el principio esencial de la independencia del poder ejecutivo. Paradigma de lo anterior es el caso del gaseoducto que amenaza Doñana, que ha sido aprobado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (PP) a instancia de Gas Natural (UNESA), compañía de la que es asesor Felipe González (PSOE), apenas un mes después de que este deje de ser Presidente del Consejo de Participación de ese Parque Nacional.

2. Si el concepto de democracia es de carácter liberal, también se ve violentado, toda vez que buena parte del opaco mercado eléctrico descansa sobre la base del predominio y ventaja de estas cinco compañías, lo que vulnera en buena medida el principio de libre competencia.

3. Finalmente, si hablamos de democracia participativa o corresponsable, podemos afirmar que el mercado eléctrico español es profundamente antidemocrático.

Pérdida de soberanía. Si de lo que hablamos es de soberanía en clave de Estado, es fácil concluir que a nivel energético esta soberanía está claramente violada, ya que cerca del 80% de las materias primas energéticas provienen del exterior. Si, por otra parte, entendemos que la soberanía del Estado descansa en la sociedad, es decir, en su ciudadanía, debemos concluir que esa soberanía ha sido hurtada por un oligopolio que toma decisiones al margen, y en muchas ocasiones en contra, de la voluntad popular. 

Cambio climático. La quema de combustibles fósiles es consustancial al modelo energético impuesto por UNESA con la aquiescencia de los diferentes gobiernos, lo que como es evidente contribuye en la esfera global al aumento de las emisiones de CO2 y a elevar la temperatura global.

Contribución a un “statu quo” internacional injusto. Cuestión no menor es aquella que hace que las grandes compañías practiquen un modelo brutal de colonialismo, desposeyendo a las poblaciones nativas del Sur de los recursos energéticos que necesita Occidente, empecinando en un modo de habitar el planeta insostenible e inmoral.

Obstaculización de las alternativas. La política energética está al albur de los intereses creados por el oligopolio, ya que la posición hegemónica de este pervive gracias a la connivencia de los gobiernos de turno. Prueba de ello, es la publicación, por parte de los últimos gobiernos de normativas que atentan directamente contra el desarrollo de las energías renovables, así como la postergación del Real Decreto de Autoconsumo de Balance Neto.

Campaña mediática contra las energías renovables. En los últimos tres años hemos asistido a un implacable acoso mediático que, a través de una batería de argumentos tramposos, acusa a las energías renovables de ser las causantes del tan manido déficit de tarifa. Una explicación plausible para observar hasta qué punto el principio de independencia de los medios de comunicación se ha quebrado, es la que establece la conexión entre los consejos delegados de las grandes compañías eléctricas y los consejos delegados de los grandes grupos de comunicación de España.


Ciudadanía y soberanía energética

Sin embargo, no todos los factores que están provocando esta situación magmática entorno a la energía son de índole negativo. A este respecto hay que destacar dos cuestiones que parecen centrales. Primero, que las formas de contención social del sistema están saltando en mil añicos, precisamente cuando los modos culturales del propio sistema han generado una dinámica metabólica de gran velocidad social. Aquellos factores que antes alineaban, ahora comienzan a servir como canales de la indignación, en lo que lo importante ya no es la dimensión de esos canales (la conectividad total ya no nos sorprende), sino la actitud de cuestionamiento, implicación y profundización de los valores democráticos a través de la corresponsabilidad y la dimensión ética de nuestro consumo de bienes y servicios.

Y en segundo lugar, la presente explosión cívica está arrumbando miradas que ubicaban a la ciudadanía en un plano de pasividad y consumismo acrítico, impulsándose otras lecturas a propósito de la sociedad, que la hacen sujeto central de los cambios y soluciones necesarios.

En otro orden de cosas, nos encontramos con una madurez tecnológica en relación a las energías renovables, que hace más posible hoy que nunca que la ciudadanía pueda dejar de ser tratada como un consumidor pasivo, para ser productora y gestora de su propia energía todo lo cual nos sitúa en las puertas de una auténtica revolución energética con la cuestión de la soberanía energética y el autoconsumo en el epicentro de este cambio.

La soberanía energética descansa sobre la capacidad que tiene la propia ciudadanía para codecidir sobre el modelo energético de que se quiere dotar atendiendo a la realidad de sus propios recursos, límites y posibilidades, maximizando una cultura energética esencial de contención, ahorro y eficiencia y teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad y defensa de los Derechos Humanos como marco de referencia del mercado energético global.

Como parece evidente, para que la soberanía energética pueda ser una realidad necesita una forma de articulación que permita que el ciudadano de a pie se transforme en un agente activo, capaz de producir energía, así como de gestionarla de manera responsable. El autoconsumo puede ser la herramienta más eficaz para generar soberanía energética.


¿Qué entendemos por autoconsumo?

El autoconsumo es la capacidad que tiene el consumidor de producir una parte o la totalidad de la electricidiad que precisa para cubrir sus propias necesidades. Diferentes autores denominan a este nuevo agente como prosumidor (productor-consumidor).

El autoconsumo implica un cambio radical en nuestra cultura de generación y consumos eléctricos. Supone pasar de un modelo energético centralizado como el actual, en el que la electricidad se genera en enormes plantas que luego debe ser transportada hasta los lugares de consumo, a un modelo energético distribuido, conformado por una multiplicidad de pequeñas plantas de generación eléctrica ligadas al consumo. Es decir, un modelo con el que se profundiza en valores como la seguridad de suministro, la democracia y la sostenibilidad ambiental.

Este cambio es cada vez más factible gracias a la madurez económica que han alcanzado algunas tecnologías renovables. A fecha de hoy, la electricidad que obtenemos de nuestras pequeñas instalaciones de autoconsumo es de hecho más barata que la que nos vende la compañía eléctrica.

Es el caso de la energía solar fotovoltaica que, en los últimos años, ha tenido una evolución que podríamos calificar de asombrosa. Gracias a las economía de escala (los costes de producción disminuyen cuando aumenta el número de unidades producidas), a la mejora en la eficiencia de los procesos productivos y al progreso tecnológico, el coste del material fotovoltaico ha descendido notablemente. Un panel fotovoltaico es hoy 7 veces más barato que hace sólo 4 años (el módulo de 230 vatios que en 2008 costaba 805 euros, tiene en la actualidad un precio de 115).

Dispuestas las razones ciudadanas frente a la sin razón de los que solo buscan lucrarse, comprendemos que nuestra alternativa cuenta con tres pilares: la voluntad de racionalizar y decrecer en nuestro consumo energético; la madurez de las renovables y la voluntad ciudadana de empoderarse de un sector históricamente usurpado.

Tipologías de autoconsumo

Dentro de las diferentes modalidades de autoconsumo eléctrico, a la tecnología fotovoltaica le corresponde el protagonismo indiscutible. Ello es debido a las razones económicas que acabamos de apuntar, pero también a su carácter modular y a su sencillez técnica.

Teniendo por tanto en cuenta las peculiaridades de esta tecnología, pasemos ahora revista a las distintas modalidades de autoconsumo:

Aislada

Son aquellas instalaciones que se realizan sin conexión a la red eléctrica. Esta falta de conexión implica contar con sistemas de acumulación o baterías que permitan atender las necesidades de energía cuando no exista recurso renovable disponible. Ello encarece notablemente el precio de la instalación.

Autoconsumo instantáneo o parcial

Esta modalidad se recoge en el Real Decreto 1699/2011, de 18 de noviembre, por el que se regula la conexión a red de instalaciones de producción de energía eléctrica de pequeña potencia.

Con el autoconsumo instantáneo o parcial, conseguimos abastecernos de nuestra propia electricidad, pero ello supone encontrar una solución para aquella energía que no se consuma en el momento. Son dos las opciones que se ofrecen para esa energía excedentaria. La primera, venderla a precio mayorista (lo cual implica imponer al dueño de los paneles gravosas obligaciones legales y fiscales). La segunda, instalar un dispositivo que impida inyectar ese excedente a la red, lo que supone desperdiciar esa electricidad, una opción claramente ineficiente.

El autoconsumo parcial es por tanto una modalidad que solo resulta viable económicamente en aquellos casos en los que un porcentaje alto del consumo coincida con los momentos de producción. Sería el caso de un comercio, pero no el de un hogar tipo. Según el IDEA, una familia media consume 3.000kWh anuales, pero la mayor parte de ese consumo se produce por la tarde/noche, cuando los miembros de la familia llegan a casa, es decir, justo cuando los paneles no están produciendo. La única solución pasaría entonces por dimensionar la instalación fotovoltaica para atender solo la escasa demanda diurna, con lo que nos encontraríamos con instalaciones meramente testimoniales, sin apenas impacto en el consumo general.

Es obligado concluir por tanto que esta modalidad expulsa al ciudadano de la posibilidad de convertirse en agente de producción de su propia electricidad.

Autoconsumo con balance neto

El autoconsumo con balance neto permite al prosumidor aprovechar toda la electricidad que produce su instalación. El problema que veíamos en la modalidad anterior, qué hacer con la energía excedentaria, se resuelve en este caso, mediante un mecanismo sencillo: los KWh que no se consumen en el momento, se vuelcan en la red, generando a favor del prosumidor un derecho de consumo por el mismo número de kWh, lo que se conoce como compensación de saldo energético. No hay transacción económica, sino un mero intercambio de electricidad, utilizando la red como acumulador o batería. Esta modalidad de autoconsumo supone para el prosumidor un ahorro en su factura de la luz de entre el 70% y el 80% de lo que venía pagando.

El Gobierno lleva meses posponiendo la publicación del Real Decreto que consagre esta modalidad de autoproducción. Detrás de estos retrasos se encuentra la insoportable presión de las grandes eléctricas que ven en el autoconsumo una amenaza a su posición hegemónica. Es seguro que se acabará aprobando (probablemente en el primer trimestre de 2013), pero lo que no es seguro es que la norma que finalmente salga a la luz sea la más conveniente para la difusión del autoconsumo de forma generalizada.

Entre los obstáculos con los que podría aprobarse se encuentra la posible limitación temporal para la compensación de saldos. Es necesario, a fin de facilitar la viabilidad económica de estas instalaciones, establecer un periodo de compensación de saldos suficientemente amplio para compensar los excedentes de verano con la menor producción de invierno.

Asimismo, las grandes corporaciones energéticas están presionando al gobierno para que la normativa establezca para las instalaciones que se conecten a la red bajo esta modalidad unos peajes de acceso abusivos a fin de frenar su desarrollo masivo entre la ciudadanía.

¿En qué consiste la soberanía energética?


Definiendo la soberanía energética

Varios autores, Ecologista, nº81, verano 2014

Posición elaborada en marzo de 2014 por Pablo Cotarelo (Ecologistas en Acción), David Llistar y Alfons Pérez (Observatori del Deute en la Globalizació), Alex Guillamon (Entrepobles), María Campuzano (Engineyeria Sense Fronteres) y Lourdes Berdié (Multireferèndum). Todo/as ellas en el marco de construcción de la Xarxa per la Sobirania Energètica, www.xse.cat

En tiempos de indignación por los abusos del poder de una oligarquía, la sociedad demanda en el mundo de la energía (al igual que en otros ámbitos) una nueva ola democratizadora. Si soberanía se refiere a poder, soberanía energética es hablar de dónde reside el poder en el ámbito de las energías. Frente a un enfoque como el de la soberanía del Estado, centrado en la legitimidad de los Estados no importa si han sido cooptados por élites extractivistas, la soberanía de los pueblos defiende el derecho de individuos, comunidades y pueblos para decidir sobre los asuntos que les afectan, para hacer política cotidianamente. La soberanía energética a la que nos referimos, se aleja de la defensa de las fronteras y de intereses alineados con las élites, denuncia la cultura que promueve la delegación de las decisiones en una supuesta neutralidad de los expertos, su planificación tecnócrata y la toma de decisiones desde arriba. Se opone a la exclusión de los saberes tradicionales, la participación de la ciudadanía activa y la corresponsabilidad.

Así inspirada en la definición de soberanía alimentaria de La Vía Campesina, la soberanía energética podría definirse como el derecho de los individuos conscientes, las comunidades y los pueblos a tomar sus propias decisiones respecto a la generación, distribución y consumo de energía, de modo que estas sean apropiadas a las circunstancias ecológicas, sociales, económicas y culturales, siempre y cuando no afecten negativamente a terceros. Cada persona y cada pueblo tiene derecho a la cantidad y tipo de energía necesaria para sostenerse a sí mismo/a y a su grupo, y a los recursos necesarios para mantenerla, siempre y cuando no externalice impactos ambientales, sociales o económicos negativos, es decir, no genere anticooperación.

De la misma manera, mientras que desde la soberanía estatal se hablaría de independencia y seguridad energética para referirse a la utilización de una cantidad indeterminada de recursos que se consideran necesarios para mantener al máximo la economía doméstica (satisfaciendo todo tipo de consumos sin atender a su naturaleza), para la soberanía de los pueblos la soberanía energética es que todas las personas tengan derecho al acceso a las energías en condiciones dignas y en cantidad suficiente y equitativa. Mientras que desde la cultura de expertos se pretendería alfabetizar a la población para que entienda la energía (ente abstracto, homogéneo y especulable) por medio de una relación vertical jerárquica y unidireccional, desde la soberanía energética en cambio se plantea que la realidad es compleja, multidimensional y asimétrica y debe comprender los enfoques de todos los agentes afectados. Por tanto, es necesario desmonopolizar la especialización, generar una comunidad extendida de iguales compuesta por todos aquellos que deseen entrar en un diálogo y decidir. Donde sus miembros aporten sus hechos, que incluyan conocimientos imprescindibles para que las energías necesarias para las personas sean satisfechas. Se trata de las energías concretas y diversas frente a la Energía mercantilizada y oligopólica.

Asimismo, alcanzar la soberanía energética supone que los pueblos puedan decidir sobre las cuestiones energéticas sin interferencias y esclavitudes, como las que representan la persecución de beneficios crecientes y la rendición de cuentas ante accionistas, a las que están sujetas las empresas privadas actualmente, y fruto de la actual mercantilización de la Energía. Para priorizar el control de los pueblos sobre el bien común energético se debe trascender la disyuntiva entre el sector público y el privado, anclada también en una lógica donde otras visiones ni estatales ni privadas quedan excluidas. Por el contrario, se debe tender a fomentar estructuras y actores económicos que nos liberen de dichas esclavitudes y permitan a la población tomar decisiones libremente y entre iguales, siguiendo el ejemplo de las actuales cooperativas comercializadoras de electricidad.

Pero la soberanía energética (de los pueblos) es la que defiende también la soberanía de todos los pueblos que son. Y en consecuencia, el respeto a la soberanía energética de todos los pueblos implica el ahorro y la racionalización en el uso de los bienes comunes para no interferir negativamente en la soberanía energética de otras comunidades ni de las futuras generaciones, ya sea mediante la generación de problemas ambientales (tales como el cambio climático o la generación de residuos altamente radiactivos) o mediante el acaparamiento de bienes de unos pueblos sobre otros, a veces mediante guerras. Para lo cual deben relocalizar los procesos de generación y distribución energéticas en un doble sentido: acercándolos a los puntos de utilización y facilitando la participación de las personas en los procesos de toma de decisiones.

La soberanía energética es el camino de empoderamiento social que transforma las estructuras del poder oligopólico y crea nuevas realidades desde abajo, por los de abajo y para los de abajo. En la energía también.

"Energía para la democracia". Sebastià Riutort Isern. (Som Energía. Soberanía energética)


“Energía para la democracia. La cooperativa Som Energía como laboratorio social.” Sebastià Riutort Isern. Economía crítica & Ecologismo social. Ediciones Catarata, 2016

La energía siempre ha estado vinculada a distintas formas de apropiación. Indispensable para el sustento y reproducción de la vida humana, el control sobre su provisión se concentra, sin embargo, en pocas manos privadas. El agotamiento de los recursos o la gravedad del cambio climático hacen ineludible la transición hacia un modelo energético sostenible. En esta incierta coyuntura, es preciso preguntarse quién controla la energía, cómo y para qué fines, cuál es el papel de las administraciones públicas y de los ciudadanos, qué actores son reticentes al cambio o de qué manera influye todo ello en la construcción de un nuevo modelo energético. Este libro es una invitación a afrontar la posibilidad de que dicha transición pueda articularse en torno a formas sociales de apropiación de la energía con una base participativa y democrática, orientada a la satisfacción de necesidades y no al lucro. Su propósito es abordar este problema desde una mirada sociológica anclada en una visión democrática de la economía. Esta reflexión teórica se nutre de análisis de la cooperativa Som Energía, una iniciativa socioeconómica pionera en el contexto español. Se presenta como un espacio innovador para facilitar la implicación ciudadana en el sector de la energía y contribuir a la construcción de una sociedad ecológicamente sostenible y más democrática.


Sebastià Riutort Isern es doctor en Sociología e imparte clases en la Universidad de Barcelona. Sus campos de investigación son la nueva economía cooperativa, la transición hacia la soberanía energética y la innovación democrática en el ámbito de la política municipal.

SOBERANÍA ENERGÉTICA. PABLO COTARELO


La cultura de la soberanía energética

Pablo Cotarelo, analista del sector energético 
(artículo publicado el 21 de noviembre de 2013)

El profundo e intenso cuestionamiento actual sobre la legitimidad del contrato social, y de las instituciones que de él derivan, y sobre cómo se deben satisfacer las necesidades de las personas, también ha llegado al mundo de la energía. Parecía éste un ámbito vedado a la crítica social no minoritaria debido a la rigidez, el control del poder y la complejidad que la rodean. Sin embargo, en los últimos tiempos se han ido dando una serie de acontecimientos que han posibilitado que las fronteras que separan los territorios susceptibles de crítica de los que no, hayan ido desapareciendo.

Se puede detectar que el reciente cuestionamiento energético tiene puntos en común con el resto de movimientos sociales que realizan una crítica radical al sistema. Como parte de dicha cultura, el recién nacido movimiento por la soberanía energética cuestiona el oligopolio energético, en sus dos vertientes1 aunque sesgado hacia la eléctrica. No rehúye la confrontación, es decir, no se niega un papel reactivo como herramienta para reafirmarse, difundir, influir y movilizar. Un ejemplo de ello son las plataformas ciudadanas creadas en los dos últimos años para denunciar los proyectos de fractura hidráulica que se planean en sus territorios,2 y que también incluían entre sus objetivos la búsqueda de alternativas al modelo energético actual. Objetivo común con iniciativas donde el aspecto que más resalta es el propositivo como vía necesaria para recuperar la soberanía colectiva. Es el caso de las comercializadoras de electricidad de origen renovable en formato de cooperativas, que van ganando peso firmemente: Som energia (Girona), la pionera, y GoiEner (Gipuzkoa) y Zencer (Cantabria)3, más recientes, completan una propuesta de soberanía energética que puede comenzar ya mismo desde el propio consumo y con una gestión compartida entre l@s soci@s.

Se puede detectar que el reciente cuestionamiento energético tiene puntos en común con el resto de movimientos sociales que realizan una crítica radical al sistema

Pero probablemente el salto cualitativo que ha permitido aumentar la integración de actores sociales y, fundamentalmente, poner el tema energético encima de la mesa del debate público fue el nacimiento, en otoño de 2012, de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético4 (Madrid-Extremadura). Una pequeña chispa de inicio en la inmensidad que se terminó convirtiendo en un gran fuego. A través de una intensa actividad interna, de cohesión y autoformación, y externa, de denuncia y presión, han obtenido una alta calidad en sus propuestas, la extensión rápida del movimiento en diferentes formas (Madrid, Cataluña, País Valenciano, Canarias, Euskadi, Navarra, Andalucía, Extremadura,…), y una gran penetración en los puntos débiles del poder con sus denuncias en instancias judiciales e instituciones europeas5. Se trata de un movimiento que ansía construir un nuevo paradigma energético “desde abajo y para las personas”, desde unos fundamentos energéticos, sociales y políticos sólidos. No en vano el foco social y mediático exige un rigor especial a las iniciativas que se autodenominan alternativas a lo existente. En definitiva, el papel que juegan este tipo de plataformas es el de posibilitador y catalizador de sinergias entre actores de diversas procedencias y territorios. Los avances producidos hasta la fecha así lo indican, como también ponen de relieve la especial predisposición de l@s implicad@s para entenderse, superar sus diferencias y concentrarse en los objetivos comunes.

Resulta asimismo evidente que para llegar a esta situación se ha aprendido mucho de los planteamientos y maneras de trabajar de otras propuestas, que también se van incluyendo en el presente movimiento. Entre otras, la de pueblos en transición 6 (transition towns), que nace en el Reino Unido y se extiende con el tiempo por zonas de Madrid, Baleares, Cataluña, Andalucía,…. , y que poniendo el acento en la construcción de comunidades que vivan la realidad futura sin combustibles fósiles, aporta la atención prestada a la formación de redes descentralizadas y autosuficientes, la auto-formación continua, la creatividad y la necesidad de la sostenibilidad como principio rector. El movimiento antinuclear subraya, por otra parte, la importancia de los conocimientos técnicos y políticos para enfrentarse al poder energético, que la batalla es un carrera de fondo y que la labor de difusión y comunicación ha de ser planteada de manera estratégica y rigurosa. Y de la red P2P (peer-to-peer, o red entre iguales), que procede de otro ámbito bien diferente, se extrae su profundización en el significado y en las posibilidades que ofrecen las redes sociales (ya sean virtuales o reales), así como en la importancia de la robustez y agilidad de las mismas.

Ahora bien, este movimiento se enfrenta a una serie de retos importantes, que en algunos casos pueden resultar vitales. Uno de ellos es el mantenimiento de la tensión formativa, comunicativa y, fundamentalmente, movilizadora, que permita ir evolucionando en la búsqueda de minorías mayoritarias (la famosa masa crítica). También habría de arraigar más allá de los núcleos urbanos significativos. Así como aspirar a ganar mayores cotas de legitimidad y representación popular. Aunque posiblemente el mayor desafío será construir proyectos concretos alternativos, profundamente fundamentados en las sinergias derivadas de la unión de diversos actores y reproducibles a varias escalas. Que sean capaces de funcionar en paralelo al sistema actual, que en sí mismos respondan a las necesidades de la gente (sin distinción entreconvencid@s y no convencid@s) y, como consecuencia de todo ello, supongan una amenaza/competencia sólida al oligopolio existente. Esta es una de las mayores dificultades a las que se han enfrentado los movimientos de alternativa energética hasta el momento: resistir tanto las imperfecciones propias como los embates del sistema en la elaboración de propuestas alternativas bien fundamentadas, escalables, coherentes y perdurables.

Pero también en algunos aspectos existe todavía un margen de mejora. Aspectos que se relacionan con el aprendizaje individual y colectivo. Es el caso de la dificultad para asimilar la complejidad de los conceptos y el funcionamiento del mundo de la energía. Además, a pesar de los avances todavía se deben superar barreras significativas respecto a las herramientas de internet, como los prejuicios a utilizarlas, la brecha digital o los problemas técnicos.

En cualquier caso, el escenario que se nos presenta no deja mucho lugar a confiar en alternativas energéticas que provengan del mismo sistema o que se basen en la ficción de la abundancia infinita, como el actual. Una crisis energética marcada por el agotamiento inminente del petróleo denominado barato, unida a la crisis climática (asumida por el sistema como inevitable), y unos oligopolios energéticos concentrados en seguir haciendo negocio, invirtiendo en ese concepto abstracto y especulativo de la Energía (con mayúscula), solamente puede enfrentarse centrando la atención en las energías (con minúscula) que satisfagan las necesidades reales de la población. Estamos siendo testigos de la muerte de un paradigma energético que sostiene un paradigma económico y social imposible. La creación del nuevo paradigma está en marcha y, a diferencia del periodo de paz social inmediatamente anterior al actual, están abiertas las puertas a todas las opciones que se puedan barajar partiendo desde el presente. Lo cual significa que el cambio se dará, sí o sí. Pero también que será en condiciones de lucha constante. El movimiento por la soberanía energética da sus primeros pasos para dar respuesta a los desafíos de un momento histórico único, donde la energía disponible será decreciente. De la capacidad de organizar proyectos viables, y de la flexibilidad y adaptación a las circunstancias que se vayan presentando, dependerá el tipo de modelo energético que tengamos en el futuro. El principio einsteiniano de transitar nuevos caminos para hallar nuevas soluciones está claro, solo resta lo más complicado: las soluciones concretas.

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ENERGÍA ELÉCTRICA PÚBLICA. COMPROMÍS


Co​mpromís plantea la creación de una comercializadora eléctrica pública en la Comunidad Valenciana


http://elperiodicodelaenergia.com/compromis-plantea-la-creacion-de-una-comercializadora-electrica-publica-en-la-comunidad-valenciana/

El periódico de la energía 28-02-2016

El grupo parlamentario Compromís ha presentado en Les Corts una proposición no de ley para instar al Consell a estudiar las posibilidades de crear una comercializadora de energía eléctrica pública dependiente de la Administración valenciana.

Según ha asegurado la diputada de Compromís Teresa García en un comunicado, el precio de la electricidad ha “aumentado en un 70% desde 2008, un 8% de media cada año”, y la factura eléctrica es “uno de los factores de empobrecimiento de las familias y que restan mayor competitividad a nuestras empresas”.

Al mismo tiempo, las compañías eléctricas “acumulan beneficios millonarios”, y todo ello en conjunto supone “una problemática que, de una vez por todas, se debe afrontar desde los poderes públicos de forma valiente y resolutiva”.

Como se explica desde Compromís, en España con el sistema que tenemos actualmente, según la potencia, los consumidores contratan el suministro de energía eléctrica a través de una empresa comercializadora.

Los consumidores que contratan menos de 10 kilovatios están acogidos al Precio Voluntario por Pequeño Consumidor (PVPC) y contratan el suministro con las Comercializadoras de Referencia, por el que pagan un precio que fija el Ministerio.

Los consumidores con una potencia contratada superior a 10 kilovatios, por su parte, deben elegir una de las empresas comercializadoras del mercado libre que hayan comunicado su inicio de actividad al Ministerio.

Según la diputada, en la actualidad la mayoría de los consumidores domésticos están acogidos al PVPC, “síntoma de lo poco atractivas que son las ofertas del mercado libre”.

Al tiempo, existen comercializadoras públicas, y ha puesto como ejemplo, en el ámbito municipal, la Comercializadora Eléctrica de Cádiz, SA, “y otros municipios, como Barcelona, donde está en proyecto la conversión de la sociedad municipal Tersa en un operador eléctrico de capital público, y calculan que el Consistorio podría ahorrarse entre 1,75 y 2,65 millones de euros gracias a su propia comercializadora (entre un 10% y un 15% del gasto actual)”.

Para García la creación de una comercializadora de energía pública municipal o autonómica es una opción que permitiría un ahorro en la contratación de energía eléctrica de edificios, alumbrado y empresas públicas, pero también para usuarios domésticos, PYMES, industrias y asociaciones empresariales.

Aparte de los “claros beneficios sociales y económicos”, el dinero ahorrado podrían reinvertirse en eficiencia energética “o en el bono social para los hogares con pobreza energética”.

“Por ello que hemos presentado en el Parlamento valenciano una proposición para que el Consell estudie las posibilidades y las consecuencias jurídicas, económicas y sociales de establecer una comercializadora de energía eléctrica pública”, ha informado.

“Más en particular, creemos que el IVACE podría convertirse en una herramienta de comercialización eléctrica de gestión pública, sin perjuicio de que su actual forma jurídica debiera adaptarse a lo que exige la ley del sector eléctrico”, ha añadido.

COOPERATIVAS ELÉCTRICAS: GOIENER. SOBERANÍA ENERGÉTICA.


La revolución de las cooperativas continúa


Antonio Barrero F.Viernes, 29 de enero de 2016

http://www.energias-renovables.com/articulo/la-revolucion-de-las-cooperativas-continua-20160129

La cooperativa ciudadana sin ánimo de lucro Goiener, con sede en Ordizia (Gipuzkoa), acaba de alcanzar "las 4.000 personas socias, entre las que comercializa energía 100% de origen renovable". Goiener, que emitió sus primeras facturas como comercializadora de electricidad verde en el otoño de 2013, es miembro de ResCoop, la federación de grupos y cooperativas ciudadanas para la energía renovable en Europa.

Goiener S Coop, cooperativa ciudadana sin ánimo de lucro con sede en Ordizia (Gipuzkoa), ya tiene 4.000 socios. La entidad comenzó su actividad en 2012 de la mano de un grupo promotor de 30 personas cuyo objetivo era "el cambio de modelo energético y la recuperación de la soberanía energética promovido por la participación ciudadana". Desde entonces -informan desde la cooperativa-, su crecimiento ha sido sólido y constante, hasta el punto de que, "actualmente cuenta con ocho socias trabajadoras y piensa ya en invertir en proyectos de generación a través de su cooperativa NafarKoop". Goiener ha declarado en 2015 una facturación de más de dos millones de euros y la gestión de once gigavatios hora (11 GWh).

Sensibilización
Según el director de la cooperativa, Santiago Ochoa de Uribe, "comenzamos vendiendo electricidad verde a hogares y, ahora, también vendemos a pymes, asociaciones, oenegés, sindicatos y cada vez más ayuntamientos; lo que demuestra que la sociedad demanda un modelo energético más justo y transparente". Pero la labor de esta cooperativa -explican-, no se centra únicamente en la comercialización de energía de origen 100% renovable, pues Goiener realiza además actividades de formación y concienciación sobre el uso racional de la energía y aborda problemas sociales como la pobreza energética: "desde la Asociación Goiener Elkartea, los grupos de voluntarios son los encargados de organizar este trabajo".

Unión de Cooperativas
Los motivos que han animado a Goiener a emprender esa actividad son muy concretos, según Ochoa de Uribe: "la gente no entiende cosas tan básicas como lo que paga en su factura de la luz, ni por qué su recibo sube cada vez más, y esto es inaceptable. Por eso, desde Goiener tratamos de ponerle remedio. Todas deberíamos ser capaces de analizar nuestra factura, al igual que lo hacemos cuando vamos a hacer la compra, para controlar lo que nos cobran". De cara a 2016, la cooperativa prevé por lo demás "un buen ritmo de crecimiento en cuanto a número de personas socias", y destaca, entre sus objetivos, uno: "el consolidar la Unión de Cooperativas Eléctricas Renovables, proyecto mediante el cual sus integrantes pretenden aunar fuerzas para hacer frente al mercado eléctrico nacional, tal y como está planteado hoy en día".

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